El pan de mi abuelo era pan común

pan , horno

Harina, agua, sal, levadura…. y los ingredientes que se quieran añadir. Mezclar harinas de cereales diferentes, naranja, chocolate, sustituir el agua por la cerveza o la sidra. Y así cualquier combinación es válida. Es la elaboración del pan. Al menos así lo aprendí yo durante los años en los que conviví con mi abuelo mientras trabajaba en su panadería. La de toda la familia. Luego debe reposar y cocerse a fuego lento. Hablo del pan bueno, el que hacía mi abuelo en su horno de leña. Ese que siempre desprendía calor y olor y que se hacía notar en todo el barrio. Y de eso va este capazo.

Ese es el pan que como, ahora me he enterado que se llama pan común. Yo siempre pido una barra pero cada vez es más difícil acertar en la panadería. “Quieres de cereales, de espelta, de trigo, chapata, baguette….” dicen en el despacho. Cada uno elige y todos presumen de comer buen pan. A mí no me engañan, o eso pienso, pero cuando cambio y voy a una de esas cadenas de pan refrigerado siempre sobra en casa. Por algo será. Me pasa igual pero al revés cuando voy a la panadería. Compró pan común, del bueno y siempre me falta.

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PEQUEÑOS PERO NO INVISIBLES

Bodegas presentación Alacena VinosEste capazo va de vinos y de promoción. De todo es conocidos que ser pequeño es un problema para muchas cosas. Pero lo es más cuando tienes que competir con otros más grandes. Ellos tienen más facilidades para darse a conocer, para ser visibles, y, en el caso de las bodegas, para comercializar sus productos. Pero el vino es un sector muy particular. Y eso lo saben los pequeños emprendedores. Hacen buen vino, han sabido conjugar la elaboración artesanal de sus antepasados con el rigor, la formación y la tecnología para obtener resultados satisfactorios.

Y es el caso de nueve bodegas aragonesas. Se han juntado en una acción comercial para darse a conocer, ser visibles, “entrar” en el canal HORECA y vender sus vinos. Lo van a hacer de la mano de ALACENA vinos. Han apostado por ellos y juntos quieren enseñar a los consumidores que en los pequeños pueblos de Aragón se hace buen vino.

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¿A qué sabe un territorio?

PRODUCTO SABOR A MÁLAGA (3)

Llamamos territorio a ese espacio en el que vivimos, en el que se producen y suceden cosas. La RAE lo define como “la porción de la superficie terrestre que corresponde a una nación, región, estado….” Y este capazo va de eso. De territorio, de su sabor. De cómo conocemos o idealizamos un lugar en nuestra mente a través de la comida y la gastronomía. Luego, claro está, hay que ir hasta allí y comprobar si estamos o no en lo cierto. Yo al menos iré a los dos lugares de los que os hablo aquí.

Todos tenemos ese recuerdo de llegar a la playa y oler el mar, subir a la montaña y respirar aire fresco y nuevo que te rejuvence. Un territorio huele y sabe a lo que es. Lo digo porque estos días he asistido a dos presentaciones muy distintas de dos territorios diferentes y tan lejanos en la geografía nacional como son Málaga y Aragón.

Si nos preguntamos a ¿qué sabe Málaga? Cuál sería la respuesta. A boquerón, a espeto, a mar. ¿Y Aragón a qué nos sabe? A ternasco, a vino, jamón, a chocolate… Productos reconocidos dentro y fuera de sus territorios que componen la gastronomía y los alimentos de cada zona.

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Las cosas por su nombre

 

cereal largo

El capazo de hoy va de lenguaje. Eso que aprendimos en su día en el colegio y que, sin recordar cómo, todos empleamos a diario para comunicarnos. Es decir, todas aquellas palabras que utilizamos en una conversación y de cómo las usamos. Y también desde otro punto de vista, el de cómo nos percibe la otra persona en función de nuestra forma de expresarnos.

He decidido escribir sobre esta cuestión tras una conversación en las redes sociales con una persona que no conozco. Es lo que tiene el pajarito de twitter en este caso. Cruzamos varios comentarios sobre si era correcto o no el uso de una palabra. Ese término era “lote” para definir un grupo de animales en función de su peso, características o destino tras pasar por la granja.

Polémicas aparte, todos somos conscientes de que los sectores, gremios o profesiones tienen su propia jerga para comunicarse entre ellos. Utilizar palabras técnicas o comunes en un foro profesional es lo habitual para hacerse entender. El problema llega cuando el escuchante no pertenece a ese foro y es posible que pueda malinterpretar el mensaje que se quiere transmitir.

Vamos a ejemplos concretos. Todos ellos están relacionados con la ganadería por seguir el término “lote” que es el que nos ha llevado a este capazo. Según el diccionario de la Lengua Española de la RAE, es “la parte procedente de la división de algo que debe ser distribuido entre varias personas”. También es “un conjunto de objetos similares entre sí que se agrupan con un fin determinado” y “en las exposiciones y ferias de ganado es un grupo muy reducido de animales que tienen caracteres comunes”.

En este caso, mi amigo tuitero tiene razón y se puede emplear perfectamente “el lote” cuando hablamos de un grupo de animales. Y es como se ha hecho toda la vida por pastores, ganaderos o veterinarios. Sin embargo, es lo que le dije yo en el hilo, tenemos que preocuparnos por no cosificar a los animales. Cuando usamos la palabra lote con este significado puede haber personas que piensen que los ganaderos consideran a sus animales como objetos. Y no lo es, nadie como ellos para tratarlos como se merecen, en las mejores condiciones y con el mejor bienestar posible ya que es su sustento diario. Por eso desde aquí, y sin ser Doctor en Ligüística ni en Filología, recomiendo el uso de “grupo” o “animales” a la hora de hablar sobre un conjunto y evitar el término “lote”.

De forma similar ocurre con otros términos como “partida” o “explotación”. Cuando uno oye eso puede entender su connotación negativa. Una explotación es “la acción de explotar” según el Diccionario. En este caso, mi recomendación es más simple y entendible por todos siendo la palabra “granja” la que mejor define la instalación en la que se crían y cuidan los animales.

En ese hilo abierto de twitter también aportó mi buen amigo y colega @afparron muy preocupado por este tema del lenguaje entendible, y sostenible como él lo llama, en favor de la salud y el bienestar animal.

Por eso, hay que tener en cuenta que las palabras que empleamos para comunicarnos tienen que ser las correctas. Debemos elegir aquellas que no lleven a confusión y que sean entendibles por todos, sean del sector que sean. Y más cuando estamos en un foro abierto no sólo a profesionales. Muchas veces, yo diría casi siempre, hay que llamar a las cosas por su nombre que para eso tenemos un lenguaje amplio y rico.

El hermano pequeño se hace mayor

Ante una nueva campaña de recolección de la aceituna quiero detenerme a ver las opciones que ofrecen las grandes superficies en cuestión de aceites a los consumidores. En los lineales encontramos cuatro tipos de aceites de oliva: el virgen extra, virgen, de oliva, de orujo de aceite de oliva. Y luego están los de semillas que eso será objeto de otra entrada a su tiempo.

Considero que muchos ya sabéis las diferencias entre ellos pero pocos habéis oído hablar del aceite de orujo de oliva y sobre este producto escribo en este capazo que me gustaría leyeran junto a mí. En el siguiente cuadro, de ORIVA, vemos las diferencias que existen entre ellos.

 

oriva

 

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El viñedo extremo necesita difusión extrema

cata extrema

En plena vendimia me apetece coger un capazo sobre el vino. Así que estas líneas son para entendidos, winelovers y para todos los que quieran saber qué pienso sobre la comunicación de la Denominación de Origen Protegida de vinos de Calatayud. A mi juicio son vinos de gran calidad que, con el paso de los años, están gozando del beneplácito de los consumidores. Podría parecer que apenas tiene nombre entre los bebedores habituales pero, poco a poco, están empezando a ser reconocidos por el canal Horeca. Y también por los grandes certámenes internacionales que premian la calidad de los vinos.

La DOP Calatayud ha cumplido más de un cuarto de siglo y se ha dado cuenta de que se le están comiendo la tostada en el marketing y la comunicación otras denominaciones. Más vale tarde que nunca. Los amantes del vino conocéis Rioja, Ribera del Duero, Priorat, Cariñena o Somontano pero quizá Calatayud no lo ponéis en el mapa español del vino. Claro, sólo tiene tres mil hectáreas de viñedo.

Ubicado a 100 kilómetros al sur de Zaragoza, de camino a Madrid, está la antigua Bílbilis, hoy Calatayud. Es la capital de una amplia comarca aragonesa cuyos habitantes viven del campo y de las pocas empresas que se han atrevido a establecerse en esta zona agreste. La fruta y el vino son el sustento de muchas familias desde hace años. La variedad principal de sus cepas es la garnacha. Esa uva denostada no hace muchos años y que se ha convertido en la uva de moda entre los entendidos y también demandada por el consumidor ocasional.

Ingredientes principales

Pero para que estas bodegas y sus vinos sean conocidos hacen falta dos ingredientes más. Uno ya lo tienen. El alma y el trabajo que ponen en todo lo que hacen. Como buenos aragoneses son tercos y nobles y eso también se refleja en sus caldos. Y el otro es su difusión. Desde hace unos años, con el cambio de rumbo iniciado por el nuevo consejo que dirige Miguel Arenas, ha establecido un nuevo marco de comunicación. Mucho tiene que ver con su experiencia en marketing digital. Una formación que le permite dar un gran impulso a la DOP.

El enoturismo ha entrado con fuerza en muchas zonas vitivinícolas como el Somontano de Barbastro. “El Vino de las Piedras” y la Vuelta Ciclista a España ha divulgado la producción de Cariñena. Y Borja se ha adueñado de la garnacha con su “Imperio”. Todas ellas son denominaciones aragonesas y Calatayud se había quedado un poco al margen.

Para solventarlo hace unos años apareció la campaña Viñedo Extremo. Hace referencia a la altura y la complejidad que tiene producir con calidad a más de mil metros de altura en campos pequeños y, en ocasiones, desnivelados. Tal y como son gran parte de sus parcelas. De hecho, sus uvas suelen ser las últimas que llegan a las bodegas durante la vendimia ya que su maduración es más tardía que el resto de denominaciones.

Del viñedo extremo han pasado a la Cata Extrema. Un evento de doce horas de duración en el que han invitado a los consumidores a conocer sus vinos. Lo hicieron en el centro de Zaragoza para acercarse a un número de población mayor. Allí las bodegas, con sus enólogos, presentaron sus caldos. A mi juicio no fue una acción comercial, más bien divulgativa. Todo un acierto ya que, creo, caló más entre los catadores que se acercaron a descubrir Calatayud a través de sus vinos. Y tuve suerte porque pude profundizar en una de las bodegas bilbilitanas más grandes, San Alejandro.

Otra forma de comunicar ha sido la de crear sus primeros premios a la difusión. Galardones que recayeron en la asociación de cocineros de Aragón y en el programa de TVE Agrosfera. Dos entidades que se han convertido en altavoces perfectos para dar a conocer sus vinos extremos. Aquí os dejo una de las fotos del evento.

premio calatayud

Con estas acciones queda demostrado que no hace falta invertir mucho dinero para lograr una buena difusión. Basta con ser originales y dar en el clavo. Pero ser original obliga a pensar, a buscar iniciativas, a ser extremos. Todo dentro de un orden establecido donde reine el sentido común. Así es posible que mejoren los resultados y las cuentas de las bodegas. Y servirá también para poner en el mapa a la comarca de Calatayud.

Sobre la necesidad de comunicar la agricultura

Totalmente de acuerdo

El Ecologista Transgénico

La comunicación que se hace desde el sector agroalimentario es casi siempre a la defensiva, casi siempretras un escándalo, bulo o patraña y casi siempre insuficiente, como muestra la “Ley de Brandolini”, esa que dice que “la cantidad de energía necesaria para refutar una patraña es un orden de magnitud superior a la necesaria para crearla”.

Vivimos en una sociedad donde el consumidor final está alejado físicamente y culturalmente del productor de alimentos y, sin embargo, nunca el consumidor había estado tan preocupado por lo que se lleva a la boca. Se da la incongruencia de que el consumidor está ávido de información, quiere saber y, sin embargo, desde el sector no sabemos darle la información que nos reclaman. Esto produce la incoherencia de que el consumidor tiene a su disposición los alimentos más seguros de la historia y, sin embargo, nunca ha desconfiado tanto de…

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