El Valle en sus manos

gotero

Los valles del Pirineo aragonés muestran estos días la nieve en las cumbres. Los prados empiezan a verdear y los animales, habitualmente al aire libre, comienzan a asomarse y a dejarse ver. Caballos, vacas y ovejas forman parte del paisaje montañés y muchas veces son más numerosos que los propios vecinos que habitan los valles. Pero, ¿quién cuida de ellos? Los ganaderos son los mejores conocedores de este medio rural, tan inhóspito en invierno, que se disfruta en verano, se pone bonito en primavera y colorido en otoño. Y junto a ellos sus mejores vecinos, los veterinarios.

Esta entrada del blog es para valorar el trabajo de los veterinarios rurales. Esos que están pendientes del teléfono móvil por si hay una urgencia y esos que se dedican a administrar vacunas. Tan pronto les toca identificar ovejas, como colocar goteros o atender partos complicados…. Es su día a día. Son los mejores aliados de los ganaderos. Tienen un trabajo vocacional todos los días del año y a cualquier hora. Cada valle tiene su propio veterinario y los ganaderos confían en ellos para mantener el bienestar de sus animales.

Vocación y kilómetros

Sofía tiene 26 años y desde hace unos meses trabaja como veterinaria rural en el Valle de Broto, en Huesca. El día que la conocí tuvo que ir a Sarvisé a supervisar la escayola que le colocó hace unos días a un ternero que se rompió la pata al nacer. Atiende y mira con mimo la pata dolorida mientras charla con el ganadero para comentarle que todo va bien y, aunque “tardará en soldar, es posible que pueda recuperarse del todo porque lo pillamos pronto”, asegura.

Tras echar un ojo al resto de vacas y comprobar que todo está en orden tiene que volver al coche para conducir unos kilómetros hasta Buesa. Allí le espera otro ganadero que necesita saber si sus vacas de carne están o no preñadas. “Así podrá separarlas en su explotación y darles otra alimentación hasta parir”, me cuenta. Allí mismo tiene que administrar penicilina a una de las vacas que parió ayer tras una cesárea complicada. “Fueron muchas horas y casi siempre por la noche”, dice mientras se quita los guantes de trabajo.

vacas
Ni un café de respiro porque le llama Diego, otro joven ganadero del valle. “Tengo que ir a la explotación porque tengo que desparasitar del papo a las ovejas”. Allí, mientras ella trabaja, aprovecho para dar de comer a las ovejas junto a su novio Carlos, que le acompaña muchos días. Cualquier ayuda es buena dice….  porque los ganaderos “se quedan sin horas para todo el trabajo que tienen”.

Ya por la tarde tiene que ir a Fragen a poner goteros a los terneros para evitar su deshidratación. Un pequeño pinchazo y la ayuda de Daniel es suficiente para colocarlo en condiciones.

Antes de descansar ha quedado con los cazadores de la zona. Necesitan que les “ponga el chip y la vacuna de la rabia a uno de sus perros. Es habitual, otras veces me llaman porque los jabalíes han herido a los perros y hay que coserles” dice mientras pasea de nuevo hacia el coche.

Ese es su trabajo, el que he compartido con ella durante una intensa jornada en la que apenas ha tenido tiempo para comer. Pero a Sofía le gusta, es “vocación”, aunque sabe que sus días no entienden de horarios. Está en guardia permanente pero sabe que si hace bien su trabajo, los ganaderos y vecinos del valle se lo agradecen a diario. Y también lo hacen las más de 2.500 madres de vacuno que visita día sí y otro también. Vacas que producen ternera de gran calidad. Otra calidad, muy distinta, es la humana, la que desprende ella y la que he conocido estos días en los valles del Pirineo.

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