PEQUEÑOS PERO NO INVISIBLES

Bodegas presentación Alacena VinosEste capazo va de vinos y de promoción. De todo es conocidos que ser pequeño es un problema para muchas cosas. Pero lo es más cuando tienes que competir con otros más grandes. Ellos tienen más facilidades para darse a conocer, para ser visibles, y, en el caso de las bodegas, para comercializar sus productos. Pero el vino es un sector muy particular. Y eso lo saben los pequeños emprendedores. Hacen buen vino, han sabido conjugar la elaboración artesanal de sus antepasados con el rigor, la formación y la tecnología para obtener resultados satisfactorios.

Y es el caso de nueve bodegas aragonesas. Se han juntado en una acción comercial para darse a conocer, ser visibles, “entrar” en el canal HORECA y vender sus vinos. Lo van a hacer de la mano de ALACENA vinos. Han apostado por ellos y juntos quieren enseñar a los consumidores que en los pequeños pueblos de Aragón se hace buen vino.

Hace unos días presentaron su promoción. Y en ella, todos dejaron claro que son “la bodega más pequeña de Aragón”. Una competición más verbal que real y que esbozaron entre risas. Y es que no les importa ser pequeños, de hecho, es una diferencia que les abre otras oportunidades. Muchos no superan las cinco o seis hectáreas de producción, tienen que lidiar con terrenos a diferentes alturas y la meteorología es muy adversa ya que viven años con muy poca lluvia y otras campañas con episodios de gran pluviometría.

Sus bodegas las encontramos en Alcañiz, en Cretas, Alhama de Aragón o Almonacid de la Sierra. Por eso elaboran sus vinos con variedades muy particulares. Las que otros no se atreven a hacerlo y que marca la diferencia. Hablamos de la garnacha peluda o la monastel, que no debe confundirse con monastrell. Son vinos “que nos gustan a nosotros” y no “tienen porque gustarle a otros pero los hacemos porque queremos”, explicaba uno de los enólogos.

Ellos son enólogos, comerciales, distribuidores, ingenieros agrónomos…. Todo recogido en la misma persona. Les toca hacer de todo porque si tienen que destinar sus recursos económicos a esas labores no podrían subsistir. Y si cuentan sus horas de trabajo y lo trasladan a sus precios no podríamos comprar su vino. Es amor por su pasión. Dedicación exclusiva que sufren sus familiares y amigos. Pero trabajo que se visualiza en bodegas pequeñas que hacen, por ejemplo, que un pueblo como Bespén, cerca del Somontano de Barbastro en Huesca, con 60 habitantes, tenga dos familias y dos bodegas diferentes. Y eso también debemos reconocérselo. Son capaces de seguir viviendo en sus pueblos y darles vida.

Yo aplaudo su iniciativa y ahora que ya conozco el vino que hacen lo voy a pedir. Ya he probado cuatro de ellos y puedo decir que me gustan. Son diferentes a los vinos comerciales y, sin ser un experto en la materia, se nota el carácter de su tierra y el de sus productores. Sólo espero que puedan crecer en nombre pero que sigan siendo pequeños para no perder su esencia. Que sigan haciendo su producto, el que a ellos les gusta y no el que les pida el mercado.