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Las cosas por su nombre

 

cereal largo

El capazo de hoy va de lenguaje. Eso que aprendimos en su día en el colegio y que, sin recordar cómo, todos empleamos a diario para comunicarnos. Es decir, todas aquellas palabras que utilizamos en una conversación y de cómo las usamos. Y también desde otro punto de vista, el de cómo nos percibe la otra persona en función de nuestra forma de expresarnos.

He decidido escribir sobre esta cuestión tras una conversación en las redes sociales con una persona que no conozco. Es lo que tiene el pajarito de twitter en este caso. Cruzamos varios comentarios sobre si era correcto o no el uso de una palabra. Ese término era “lote” para definir un grupo de animales en función de su peso, características o destino tras pasar por la granja.

Polémicas aparte, todos somos conscientes de que los sectores, gremios o profesiones tienen su propia jerga para comunicarse entre ellos. Utilizar palabras técnicas o comunes en un foro profesional es lo habitual para hacerse entender. El problema llega cuando el escuchante no pertenece a ese foro y es posible que pueda malinterpretar el mensaje que se quiere transmitir.

Vamos a ejemplos concretos. Todos ellos están relacionados con la ganadería por seguir el término “lote” que es el que nos ha llevado a este capazo. Según el diccionario de la Lengua Española de la RAE, es “la parte procedente de la división de algo que debe ser distribuido entre varias personas”. También es “un conjunto de objetos similares entre sí que se agrupan con un fin determinado” y “en las exposiciones y ferias de ganado es un grupo muy reducido de animales que tienen caracteres comunes”.

En este caso, mi amigo tuitero tiene razón y se puede emplear perfectamente “el lote” cuando hablamos de un grupo de animales. Y es como se ha hecho toda la vida por pastores, ganaderos o veterinarios. Sin embargo, es lo que le dije yo en el hilo, tenemos que preocuparnos por no cosificar a los animales. Cuando usamos la palabra lote con este significado puede haber personas que piensen que los ganaderos consideran a sus animales como objetos. Y no lo es, nadie como ellos para tratarlos como se merecen, en las mejores condiciones y con el mejor bienestar posible ya que es su sustento diario. Por eso desde aquí, y sin ser Doctor en Ligüística ni en Filología, recomiendo el uso de “grupo” o “animales” a la hora de hablar sobre un conjunto y evitar el término “lote”.

De forma similar ocurre con otros términos como “partida” o “explotación”. Cuando uno oye eso puede entender su connotación negativa. Una explotación es “la acción de explotar” según el Diccionario. En este caso, mi recomendación es más simple y entendible por todos siendo la palabra “granja” la que mejor define la instalación en la que se crían y cuidan los animales.

En ese hilo abierto de twitter también aportó mi buen amigo y colega @afparron muy preocupado por este tema del lenguaje entendible, y sostenible como él lo llama, en favor de la salud y el bienestar animal.

Por eso, hay que tener en cuenta que las palabras que empleamos para comunicarnos tienen que ser las correctas. Debemos elegir aquellas que no lleven a confusión y que sean entendibles por todos, sean del sector que sean. Y más cuando estamos en un foro abierto no sólo a profesionales. Muchas veces, yo diría casi siempre, hay que llamar a las cosas por su nombre que para eso tenemos un lenguaje amplio y rico.

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