Sembrar para el 2020

siembra Si en la última entrada del blog hablaba del glifosato. Ahora, tras echarlo en los campos de barbecho, es momento de sembrar. Y es lo que se está haciendo desde hace unas semanas en Bruselas con la nueva negociación de la PAC, Política Agrícola Común. Lo que hay sobre la mesa es el futuro de miles de puestos de trabajo, de explotaciones, de productores de alimentos cuya renta, cerca de un tercio en el caso de Aragón, depende en buena parte de las ayudas comunitarias que Europa decida destinar a partir del año 2020.

Para ello el comisario europeo, Phil Hogan, ha comenzado la ronda de contactos con los ministros de los 28.  Lo que parece claro es que habrá un recorte presupuestario importante debido al Brexit. Se habla de 3.600 millones de euros menos. Que la UE debe atender a otras políticas como la inmigración y que el dinero destinado hasta ahora a las ayudas agrícolas va a descender.

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Glifosato ¿eso qué es?

Hasta hace unos meses, el glifosato, apenas era conocido fuera de la agricultura pero la preocupación y la campaña contraria de algunos grupos ecologistas lo ha colocado en los debates políticos de primer orden. Y no sólo en las conversaciones de los mandatarios sino también en la calle. Por eso esta entrada en el blog y porque uno de los suscriptores me ha pedido saber más acerca de este herbicida. Y voy a tratar de darle respuesta aunque adelanto que no es fácil.

Glifosato ¿eso qué es? Empecemos diciendo que se trata de un producto, un herbicida, que elimina las hierbas y arbustos que crecen entre los cultivos y pueden  impedir el crecimiento de cereales, colza, girasol o algunas variedades de maíz. Su nacimiento fue en el año 1974 y desde entonces se ha aplicado en la agricultura en dosis, diluido en agua, combinado con otros productos y en pulverizadores para erradicar la maleza. En algunos países de la UE también se ha empleado para el tratamiento de jardines. Un uso por el que también ha habido protestas.

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Es tiempo de olivas

Toca extender las mantas, poner piedras en cada esquina y que no haga viento ni frío. Buscar la escalera, el peine y si hay suerte, y tiempo, una parrilla para almorzar entre oliveras. “Estos días habrá que subir a por olivas”. Cuántas veces hemos escuchado esto en casa por estas fechas. Aunque lo cierto es que solía ser más tarde, para “el puente de la Purísima” e incluso poco antes de las navidades. Las cosechas tienen la costumbre de ir adelantándose para recoger las aceitunas más verdes y así obtener otras variedades de aceite que si lo probara mi abuelo no le gustaría. Pero el mercado manda.

Lo cierto es que el aceite español es cada vez más apreciado dentro y fuera de nuestras fronteras. Todos los años las almazaras y trujales apuestan por nuevos productos en un sector tan competitivo en el que los italianos han sabido adelantarse. Pero este producto no es patrimonio de españoles, italianos, griegos o de cualquier país del Mediterráneo. El aceite es aceite, algunos lo venden como zumo de aceituna, otros como el oro líquido. Todo el marketing que se quiera pero pocas veces el mundo empresarial se acuerda que ese líquido extraído gracias a un molino antes ha tenido que ser recogido de los árboles por agricultores que lo hacen casi a temperaturas bajo cero y reciben mucho menos de un euro por kilo.

También es cierto que cada vez tenemos un campo más moderno en el que las plantaciones están tan ordenadas que permiten el paso de tractores y vendimiadoras para agilizar el trabajo. Pero esa labor también supone muchas inversiones y mucho trabajo de campo. Así que cuando aliñen la próxima ensalada, hagan un huevo frito con AOVE, o se preparen una tostada para desayunar acuérdense de quienes estos días se levantan de noche para ir al campo a recoger sus olivas con el único fin de cuidar sus árboles y tener aceite para casa.

El capazo

Empiezo esta andadura con la ilusión de ir llenando mi capazo. Una tarea que quiero hacer junto a vosotros para ir aprendiendo a la vez. Aprender del campo, del agro, de la alimentación, de la comunicación, de la información y de todo lo que nos pueda deparar un buen “capazo” de horas, de debates o de intercambios de conocimiento a través de esta herramienta que voy a ir descubriendo. Para los que no lo sepan, un capazo es un saco, una cesta con asas en la que se recogen frutas, hortalizas, olivas, almendras…. En definitiva, materia prima y alimentos de los campos. Y de eso quiero hablar aquí, de cómo se producen los alimentos, quiénes son los que nos los proporcionan, de semillas, cereales, vino, fruta, queso, aceite…. De todos los sectores y agentes inmersos en la agroalimentación. Del vacuno, porcino, aviar, ovino… Es cierto que el capazo, cada vez más, está en desuso por las nuevas tecnologías, también hablaremos de eso en esta ventana. Pero para mí, el capazo, tiene su parcela sentimental, la del recuerdo de aquellos tiempos en los que mi abuelo en el huerto me pedía la azada para hacer bien los caballones de las patatas, tomates y lechugas mientras farfullaba porque no terminaban de nacer las fresas.